
Hoy he empezado el día charlando y así he estado TODO EL DÍA.
Hay un café delante del Convento de San Francisco al que me gusta ir a desayunar. Tiene una terraza exterior que da a la fachada del convento y empezar así el día me encanta. Aquí ya sabeis que se comparen las mesas y hoy he tomado "el primer café del dia" con un newyorquino retirado profesor de inglés que me ha explicado que se acaba de comprar aquí una casa y piensa pasarse algunos años. Me ha dicho que le encanta esto, la gente, la tranquilidad y además que es todo muy barato; supongo que esto depende del "cristal con el que se mire".
He subido a la escuela que está en "otro" barrio de la ciudad (digamos que lejos ... muy lejos) mientras pensaba en el profesor retirado,en la conversación y en la contracción de la misma en relación con hacia donde iba. De camíno siempre charlo con el taxista (Arturo, es el que hace los viajes de la escuela al centro) y me ha explicado las últimas novedades de la ciudad (ayer se celebró el tope de toro, un especie de encierro pero sin vallados y durante mediodía falleció una mujer y un caballo).
Pero bueno, vamos a lo nuesto ...al mediodía he asistido de forma pasiva a la clase de uno de los alumnos de la escuela en la clase infantil (la escuela dedica varias horas al día a dar clases a niños de entre 2-3 a 8-10 años) y de eso se encargan tres de ellos.
El alumno-profesor suele dedicar unos minutos a leerles un texto infantil y después pasan a los juegos: actualmente están dedicados a la confección de una careta con un globo forrado de papel untado en pegamento blanco. Cada niño hará dos; una para la escuela y otra para su respectiva casa (así fortalecen la relación escuela-padres, algún día os explicaré algo más sobre eso). Cuando terminen, me ha explicado el profesor, les enseñará a jugar con ellas y así fomentará la creatividad del niño.
El profesor-alumno me ha explicado cómo son sus alumnos: tiene un grupo de niñas bastante aplicadas y otra algo más complicada, me ha hablado de la problemática de dichos niños en casa, de cómo se comportan con él, de que lo que les da no siempre es bien recibido por sus familias, de cómo observa machismo y violencia gestual y dialéctica en la actuación de las niñas (y la copian de sus casas), de que uno de sus alumnos le monta rabietas para conseguir atención o de cómo, en ocasiones, mienten y engañan llegando a identificar reacciones de adultos que deben ver en sus respectivas casas.
Me ha dicho que a un niño sólo hay que darle amor y protección refiriéndose no a las posesiones materiales de los padres, lógicamente.
He pensado que a cuantas personas fuera de aquí (en otros entornos como de los que provengo) se les olvida esa receta tan sencilla y pecan de dar en abundancia en prueba erronea de afecto; y, sin querer, posiblemente se provoque lo mismo.
Una última precisión más que importante: ese alumno-profesor ronda los veinte años de edad.
Gracias alumno-profesor por enseñarme a mí también.
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